El huachicol dio un salto dramático en México. La Fiscalía General de la República acaba de desmantelar cuatro refinerías clandestinas en el centro del país: dos en San Luis Potosí, una en Hidalgo y otra en Morelos.
En estos cuatro puntos, el crimen organizado montó verdaderas plantas industriales con líneas de producción, cilindros gigantescos y aditivos como ácido sulfúrico para transformar crudo robado en diésel y gasolina.
El golpe fue masivo: las autoridades aseguraron casi un millón de litros de combustible y detuvieron operaciones que movían pipas a plena luz del día.
El robo de ductos evolucionó a una red de refinación ilegal que no solo genera pérdidas millonarias, sino un peligro latente de explosión.





